
-Sí tenemos buses.
-Está bien, lo sé, pero a qué hora salen.
-Elija la que usted quiera amigo, hay varias lineas.
-Es broma me imagino.
-Expliquese. ¿Para dónde quiere ir?
El trato con muchos de los ecuatorianos intenta ser amable, pero hay circunsatancias que lo impiden un poco.
El lunes 27 llegamos a la maravilosa ciudad de Cuenca. Un lugar muy cuidado por las autoridades, ya que sus hermosas y refaccionadas construcciones coloniales e incluso incas, han sido motivo para que haya una masiva concurrencia de gringos.
Las calles de Cuenca son casi por completo limpias. Sus cielos confusos, ya que no se sabe si lloverá o habrá un calor que motive un: “Puta Vicente cómo no nos pusimos chore. ¡Estoy chato!”.
Un día a la hora de almuerzo, con Diego fuimos al llamativo Pio Pio, un restaurant de comida rápida, que no sé por qué entramos. Una vez pedida la orden y pegado el primer mordisco de un añejado pan –como casi todo el pan ecuatoriano-, nos percatamos de algo malo. Las cocas eran rellenadas con las sobras de las demas bebidas que la gente dejaba sin tomar.
-¿Esta bebida es rellenada? –preguntó Diego al moso.
-Este… son Pepsi.
Esa era la respuesta que me imaginaba, por lo que dejamos el lugar.
Salvo eso, todo ha ido de maravilla, la gente es más buena y los perros son un poco serios –uno retó a Diego por hacer desmanes en la vía pública-. En fin, pienso que ojalá tuviesemos una ciudad tan bonita y con tanta tradición en nuestro pequeño USA llamado Chili.
Realmente no extraño los Mc Donalds ni los mega malls. Ni mucho menos me interesa saber cómo estará quedando el “Costanera Center” o el “Building Higest Arround the World”.